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LA GRIETA AL PODER

Abril 12, 2017
Todos y cada uno de los políticos que ganaron elecciones irremediable e insufriblemente han culpado de todo a sus antecesores y se empeñaron en construir su gestión en discursos repletos de las miserias del pasado, ò al menos eso es lo los ganadores dicen desde su pedestal. Eso que repiten una y otra vez parece ser la envidia y el resentimiento mismo disfrazado de discurso político.
Esa enfermedad, por llamarla de alguna forma, con el tiempo se aleja de su presa ó la envuelve de manera tal que lo convierte en lo mismo que criticó.
Sólo por citar nombres conocidos y ejemplos más que obvios, lo hacen ó lo hicieron, Mauricio Macri con Cristina Kirchner (y ésta con Carlos Menem), Carlos De Grandis con Daniel Sorrequieta, Liliana Canut con Alejandro Fraga, Leonardo Raimundo con Mónica de la Quintana y otros ejemplos que no hace falta mencionar.
Quien logró concentrarse en trabajar para el futuro de la gente y quien se contaminó de la miseria y la corrupción es una evaluación que queda en cada uno de los que están leyendo estas líneas.
Lo que es indiscutible es la conclusión que demuestra que la actitud de culpar, criticar y denostar al que estuvo antes no hace más que dividir a la gente y profundizar la grieta. No debemos olvidar nunca que quien estuvo antes, al igual que quien está ahora, fue elegido por la gente y que ambos tienen simpatizantes que son susceptibles de ofenderse con quien ataque a su candidato.
Son los políticos los primeros en construir la grieta y enfrentar a la gente. Y los periodistas que hablamos ó escribimos de la grieta terminamos siendo corresponsables de profundizar las diferencias.
No basta con decir que juntos debemos construir un nuevo estado y una forma de vida mejor para todos. También hay que saber callarse la boca y dejar de agredir al adversario. La violencia verbal siembra abismos y esos abismos se convierten en la famosa grieta que nos viene gobernando desde hace un largo tiempo.
Lo único que logramos hablando mal del que estuvo antes es alimentar el odio a ambos lados de la opinión. Es imposible avanzar mirando hacia atrás.
Debemos aprender a convivir con el pasado, aunque no nos guste, aunque nos de bronca. Entender que el que piensa diferente puede ser un adversario pero nunca debe ser un enemigo.
Que nunca pero nunca el odio se combatió con más odio y que siempre pero siempre, aquellos que hablaron de las miserias ajenas no hicieron más que intentar ocultar los resentimientos propios.
Y ya que está le pregunto: “Qué opina de los políticos actuales?” No vale decir son todos iguales. Juéguesela por uno y hágase cargo alguna vez de lo que vota.
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